En memoria de Simón Dittrich, pionero apasionado de la cromatografía (1924 - 2018)
En la ceremonia de apertura de la Unidad de Cromatografía Experimental que lleva su nombre, en 2013

Fue un pionero de la cromatografía en Uruguay, y uno de los primeros impulsores de la investigación y la extensión como pilares de la vida universitaria. Fue decano de Facultad de Química en los años de escasez, pero también de esperanza, de la reapertura democrática (1987-1990), y uno de los “hijos” académicos del italiano Giovanni Marini Bettolo, de gran influencia en el desarrollo de la Química en Uruguay. En 1968 construyó el primer cromatógrafo de gases del país, y se vio a si mismo, no sin gracias o acierto, como el “loco de la cromatografía”, una actitud entusiasta que en 2013 le fuera reconocida con la creación de la Unidad de Cromatografía Experimental que lleva su nombre: Profesor Simón Dittrich.

 

Dittrich falleció en Montevideo el pasado 5 de noviembre, y apenas unos días después, en la sesión del Consejo del jueves 8, la Facultad le rindió homenaje evocando su vida y su obra. Doctor en Química e ingeniero químico, Dittrich había nacido en la antigua Yugoslavia el 31 de enero de 1924, trasladándose más tarde a Uruguay para conformar uno de los tantos caudales inmigratorios a partir de los cuales se forjó el país. A mediados de los años cincuenta ingresa a la docencia universitaria en Facultad, pasando por distintos grados y funciones hasta convertirse, en 1985, en profesor titular de Química analítica cuantitativa, y habiendo sido, en su momento, encargado académico de las tres áreas de la Química analítica: cualitativa, cuantitativa e instrumental. Antes, durante la dictadura cívico-militar, había sido separado de su cargo en 1977.

 

Un periodo fundamental en la formación de Dittrich tuvo que ver con su estadía en Roma en los años cincuenta. Allí trabajó con el químico italiano Giovanni Marini Bettolo en análisis elemental orgánico en microescala. Junto con los doctores en Química Mario Falco, Alberto Koch y Ramón Sosa, Dittrich es conocido así como uno de los pupilos académicos de Marini Bettolo, cuyos conocimientos tuvieran gran influencia en el desarrollo de la química en el país. A la vuelta de ese fermental periodo en Italia, Dittrich organiza el laboratorio de Análisis Elemental Orgánico en el Instituto de Química, sentando así las bases del desarrollo de la química analítica en Facultad.

 

En la sesión del jueves 8, la docente e investigadora Isabel Dol, discípula de Dittrich, evocó extensamente su memoria, y lo refirió como un docente “interesado por las partes tecnológicas aplicadas a la química analítica, con los fundamentos físicoquímicos de los procesos y la química como fuentes de inspiración en la construcción de nuevas formas de desarrollo”. Agregó que, tal como ocurría en otras épocas, mucho de la formación de Dittrich provenía de un entusiasmo autodidacta que le permitía, entre otras ventajas, aplicar conceptos transdisciplinarios en sus trabajos. Dol recordó así su interés en la parte instrumental de la química, señalando como hito, la creación del primer cromatógrafo de gaess que tuvo la Facultad, en el año 1968, el cual sería utilizado por generaciones de estudiantes, muchos de ellos integrantes hoy del plantel docente de Facultad.

 

Cuando empecé, yo era el 'loco de la cromatografía', pero luego pasó a tener una imortancia fundamental”, diría el propio Dittrich, tal como quedaría registrado en algunos documentos, señalando así la relevancia cierta de la cromatografía en los estudios de Química. Relevancia que, en 2013, conquistara un peldaño más con la creación del Laboratorio de Cromatografía Experimental, espacio que, con justicia, lleva su nombre. En esa oportunidad, el entonces decano Eduardo Manta, recordó cómo Dittrich había construido su cromatógrafo pionero con apenas 30 dólares, pero con un resultado mucho más fino y sensible que el de los equipos disponibles en plaza a 1400 dólares. También en esa oportunidad, el profesor emérito Raúl Mariezcurrena, recordardaría a Dittrich como uno de los pioneros a la hora de entender la investigación como parte inherente de la labor universitaria.

 

Fallecido a unos todavía vitales 94 años, las coordenadas de trayetoria de Dittrich lo distinguen como uno de esos baluartes universitarios, una figura pionera que a la vez fuera precursor y también producto de la mejor tradición académica del país. “Hacemos lo que nos gusta, enseñanza e investigación, y encima nos pagan”, diría en alguna oportunidad con alegre convicción. Y así, con ese otpimismo, Dittrich propagó involuntariamente su legado entre generaciones de estudiantes que, marcados por su inteligencia y bonhomía, lo siguen evocando como puntal y referencia segura en la construcción institucional de esta casa de estudios.