Álvaro Mombrú, nuevo decano de Facultad de Química: "La excelencia no es tal si no es solidaria"
(De izq. a der.): Decana saliente, María Torre; rector Roberto Markarian; nuevo decano de Facultad de Química, Álvaro Mombrú

Sobre las 19:15 hs del jueves 6 de setiembre, la Asamblea del Claustro de Facultad eligió al nuevo decano de la institución. Con la presencia del rector, Roberto Markarian, los ex decanos María Torre y Eduardo Manta, y docentes, estudiantes y egresados de nuestra comunidad universitaria, el Dr. Álvaro Mombrú, docente titular de Física y director del Departamento de Experimentación y Teoría de la Materia y sus Aplicaciones (DETEMA) se convirtió, así, en el flamante decano de Facultad. 

Entre las fundamentaciones que argumentaron el voto, distintos integrantes del claustro señalaron la trayectoria académica de Mombrú, y sus antecedentes en la dirección de varias instituciones científicas. En efecto, Mombrú es miembro de la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay desde el año 2015, y ha sido director del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba) durante el periodo 2005-2018, además de haber estado al frente del Polo Tecnológico de Pando de la Facultad de Química, todos estos puntos altos en la consideración de su candidatura.

Para Carlos García, integrante del orden docente, las razones esgrimidas por los claustristas de su colectivo para votar a Mombrú tuvieron que ver con su “destacada trayectoria docente de más de treinta años”, las distinciones nacionales e internacionales cosechadas en ese periodo, y el “haber cumplido a cabalidad con todas las funciones inherentes” a los cargos desempeñados. Para Graciela Queiruga, en tanto, miembro integrante del orden de egresados, el voto por Mombrú responde a su compromiso de mantener un diálogo fluido con las distintas asociaciones profesionales, además de proponer una “profunda evaluación de los actuales planes de estudio”, de modo de ofrecer una oferta educativa acorde a los tiempos que corren. Del mismo modo, sostuvo Queiruga, su interés en promover el rol del químico farmacéutico y el del bioquímico clínico como “parte integral de los equipos interdisciplinarios de profesionales de salud”, y como profesionales con una “alta responsabilidad social”.

Una vez realizada la votación, y luego de ingresar al salón Piriz McColl bajo un cerrado aplauso, el flamante decano comenzó su alocución. Y lo hizo refiriendo, entre otros puntos, al desafío que supone ejercer el rol profesional de la química en un mundo en permanente transformación, donde los cambios a nivel científico tecnológico tienen un notable impacto a nivel social. “Estamos en un mundo dinámico, ante cambios muy grandes que se vienen en las próximas décadas tales como la automatización del trabajo, y la Facultad, como es tradición, estará a la altura”, sostuvo, subrayando el valor del trabajo en equipo como estrategia para superar los obstáculos. “Decanato tratará de liderar los procesos, pero escuchando, dialogando, para afrontar estos años que se vienen de tanta turbulencia”, sostuvo, asegurando que “el futuro de nuestros egresados es nuestro futuro”.

La preocupación en torno a la baja matrícula y la alta deserción en Facultad (una relación que un poco antes Queiruga había caracterizado como “un problema endémico de nuestra casa de estudios”) fue otro de los puntos medulares del discurso de Mombrú. En este sentido, el nuevo decano fue enfático al afirmar que “la Facultad no debe ser elitista. Es necesario buscar mecanismos para lograr que la gente que ingrese, se quede”. De esta manera, Mombrú definió a la Facultad en el último tercio de siglo como un “foco de adelanto”, que a través de sus distintos decanos ha cultivado “la búsqueda de la excelencia”. Esa búsqueda, no obstante, no debe perder de vista al sujeto. Porque “la excelencia no es tal, si no es solidaria: ¿qué valor tiene la locomotora del tren sino ayudar a llevar otros carros adelante?”, concluye el nuevo decano. Es así, entonces, como “estamos obligados a que nuestra currícula sea elevada y de hecho nuestras carreras se acreditan, pero eso no debe ser a costo de ser elitista”.

Esa solidaridad tiene en el discurso de Mombrú otra variante, a saber, la de la mano extendida a los problemas de la sociedad. “La Facultad debe ser un motor, debe propiciar un empuje a los sectores productivos donde la química es estratégica”, sostuvo. En ese sentido, cobra tambén relevancia, en plena sociedad del conocimiento, formar parte de la cultura, acabar con la falsa oposición entre las ciencias exactas y las ciencias sociales y humanas, promoviendo “la incorporación de la ciencia y la tecnología a la cultura”. 

Algunas instantáneas de la tarde permanecen aún en la retina: el abrazo entre la decana saliente, María Torre, y el nuevo decano (y la entrega de las llaves de decanato, símbolo cabal y entusiasta de la transición); la mano fraterna en el hombro de ambos del actual secretario de Ciencia y Tecnología y ex decano de Facultad, Eduardo Manta; la foto final del actual decano con Torre y el rector, Roberto Markarian. Y así, entonces, entre aplausos, buenos deseos y algarabía colectiva, el salón Píriz McColl del centenario Instituto de Química fue testigo de esta instancia de máxima trascendencia para la vida univesitaria, y del nuevo ciclo que, una vez más, vuelve a comenzar. 

 

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