El recuerdo vivo y la letra en bronce: homenaje a María Antonia Grompone
Juan Grompone contempla la placa que recuerda a su hermana

Fue una ceremonia colmada de emoción. Porque en la tarde del miércoles 8 de agosto, la Facultad rindió homenaje a una de sus académicas ilustres, la profesora María Antonia Grompone, fallecida exactamente un año atrás, el 8 de agosto de 2017. 

Con la presencia de colegas, familiares y amigos, Grompone fue homenajeada con una placa que, instalada en el hall del centenario edificio del Instituto de Química, la recuerda como fundadora del laboratorio de Grasas y Aceites, y directora del Departamento de Ciencia y Tecnología de Alimentos (CyTAL), lugar desde donde impartió su cátedra transformándose en una figura clave para el desarrollo de la institución y de la ciencia toda en Uruguay. Testimonio de ello fueron las múltiples anécdotas que evocaron a María Antonia no sólo en su labor académica, sino también en torno a esas múltiples aristas que la volvieron una persona querida por compañeros y estudiantes. Así la recordó la decana de Facultad, María Torre, como una colega comprometida con la institución, y una de esas docentes cuya densidad conceptual y claridad expositiva 'te cambiaban la cabeza'. Torre ejemplificó la solidaridad de Grompone en distintas circunstancias: redactando codo a codo con los estudiantes un proyecto de reinstalación de la fábrica de detergentes, o asesorando desde un punto de vista técnico y en representación de Facultad, durante la ocupación de una fábrica en Bella Unión. Tales virtudes, no obstante, no le impidieron ser una persona afable y 'sumamente divertida', la primera en compartir una cena o una copa entre colegas si la ocasión así lo ameritaba.

Para la directora de la carrera de Ingeniero Alimentario, Patricia Lema, no sólo fue Grompone una pionera que abrió y amplió la posibilidad de una producción local de aceite de oliva en base a sus investigaciones, sino también una persona culta que siempre tenía un aporte para compartir sobre ópera o alguna otra maravilla con la que se hubiese deslumbrado. Para Rodrigo Harispe, en tanto, ingeniero y ex docente de la Facultad, Grompone fue esa “transgresora” y esa mente “de avanzada” que, en décadas pasadas, cuando los médicos recomendaban todavía el consumo de margarina, ella ya establecía reparos y alertaba al respecto. 'Fue una seductora" enfatizó Harispe, recordando la fascinación de los estudiantes en esos encuentros con el conocimiento que fueron sus clases, algo que también subrayara Lema al referir la actitud de muchos alumnos que tomaban licencia en sus trabajos para concurrir a sus clases. “Los ingenieros en alimentos le debemos mucho” subrayó Harispe, aludiendo a la dedicación de Grompone para impulsar y apuntalar la carrera de Ingeniería de alimentos.

Un momento álgido de emoción tuvo lugar cuando Fernando, el cuidacoches que trabaja en las inmediaciones de Facultad, agradeció a María Antonia por esa deferencia y ese don de gente tan suyo y característico. Lo mismo singularizó su última estudiante de doctorado, Ana Claudia Ellis, quien recordó a María Antonia como una tutora que, más allá de lo académico, siempre tenía tiempo para escuchar y cultivar la empatía. Con ella, recordó Ellis, siempre cabían los gestos del tipo: "vení, sentate, ¿qué te anda pasando", cuando la situación así lo ameritara. Por último, y con visible emoción, Adriana Gámbaro, actual directora del departamento de Ciencia y Tecnología de los Alimentos, dio paso al momento culiminante de la tarde, al descubrir la placa de bronce que perpetúa a María Antonia por su “valiosa trayectoria académica y sus contribuciones a la ciencia y la tecnología de los alimentos”. 

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